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Los grupos de lectura que coordino nacen del deseo de crear un espacio compartido para pensar juntos. Desde hace unos años propongo encuentros en los que la literatura, la filosofía y las humanidades se convierten en puntos de partida para explorar algunos de los dilemas éticos, sociales y existenciales que atraviesan nuestro tiempo.

Entiendo estos grupos como una forma de mediación cultural y filosófica: espacios en los que las obras dialogan con las preguntas de nuestro presente y donde el pensamiento encuentra una dimensión colectiva. Más que transmitir conocimientos o interpretar un texto desde una única perspectiva, el objetivo es facilitar una conversación en la que la lectura actúe como experiencia compartida y como oportunidad para ejercitar la reflexión crítica, la imaginación y la escucha.

Vivimos en una época marcada por la aceleración, la sobreabundancia de información y el predominio de experiencias cada vez más individualizadas. En este contexto, detenerse a leer, conversar y escuchar otras voces constituye, en sí mismo, un gesto significativo. Los textos no son únicamente objetos de estudio: son interlocutores que nos permiten cuestionar nuestras certezas, ampliar la mirada y descubrir nuevas formas de comprender el mundo y de comprendernos.

Los grupos de lectura nacen también de una necesidad de significarnos en grupo en un contexto individualista. Emerge así su potencial comunitario y transformador. La lectura compartida abre un espacio donde el pensamiento deja de ser un ejercicio solitario para convertirse en una práctica colectiva, en la que cada intervención enriquece la interpretación y cada experiencia amplía el horizonte común.

No se trata de alcanzar conclusiones definitivas ni de encontrar respuestas únicas, sino de sostener preguntas complejas y aprender a convivir con ellas. Frente a la polarización y la inmediatez, estos encuentros reivindican el valor del diálogo, la escucha atenta y la duda como formas de conocimiento.

A lo largo de estos años, los grupos de lectura que he coordinado  han encontrado su lugar en distintos espacios culturales e instituciones del territorio. Han sido acogidos por librerías independientes como La Fatal y La Irreductible, que entienden la librería como un espacio de encuentro, conversación y dinamización cultural, así como por ayuntamientos de la provincia de Lleida, entre ellos el de Vilanova de Segrià. Esta diversidad de contextos pone de manifiesto que la lectura compartida puede convertirse en una herramienta de mediación cultural capaz de fortalecer el tejido comunitario y acercar el pensamiento humanístico a la vida cotidiana.

Cada grupo es también una comunidad temporal que se construye alrededor de la confianza y el respeto. En ella, la diversidad de trayectorias, sensibilidades y perspectivas no es un obstáculo, sino una fuente de riqueza. La conversación permite descubrir resonancias inesperadas entre los textos y la experiencia de cada participante, haciendo visibles conexiones que difícilmente emergerían en soledad.

Entiendo la lectura como una práctica de pensamiento, pero también como una práctica de encuentro. Leer juntos nos invita a salir de nosotros mismos, a ensayar otras maneras de mirar y a imaginar futuros posibles. En ese sentido, estos grupos no aspiran únicamente a comprender mejor los textos, sino también a cultivar una forma más consciente, crítica y humana de habitar el mundo. Porque cuando una comunidad lee y piensa junta, no solo interpreta libros: también ensaya maneras más libres y responsables de vivir en común.

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